vos sabés que hace tiempo ando tropezando con, en, palabras.
siento la asfixia. el encierro. como si los nombres-espinas clavados en mi cuerpo, desgarrandome la carne.
y entonces la angustia me invade, me llena, me rebalsa. se me sale por la piel (y lo sabe tu piel secando mis lágrimas)
como si la fiebre, el miedo o el tiempo.
cansada de entrar y salir de mi. si acaso mi propio nombre, una escalera al vacío.
y el vacío mismo, un pozo de nada y la nada ese ahí donde me hundo. en mí, fuera de mí.
y otra vez el vidrio, las espinas y los agujeros. (las sombras)
que me falta el aire y cuelgo de cada letra. que voy cayendo. y cada fonema me empuja al grito.
la d e s e s p e r a c i ó n.
y entonces los ojos queriendo despertarme, volverme, con colores movimientos.
al caer espero.
las palabras me golpean, me duelen.
¿será porque las quise tanto?
cansada. espero que mis palabras me devuelvan, me saquen de donde me hundieron.
La noche como un niño
de oscuros ojos
El animal ve la muerte cargada de significado; todos mis órganos cumplen su función en el caos universal.
límite
no hablemos con palabras.
no hay espejos sin nadie
no hay algo sin sombra
no hay nadie sin nombre
buscamos la transparencia
desnudez del silencio.
¿por qué no podríamos ser viento?
y siguió bajando.
ella sabía.
de mi piel sintiendo
sufriendo el lenguaje
el aire un vidrio espeso temblando hasta estallar en el vómito
ojos de miedo
lágrimas de vidrio llenas de vacío
ay!
vacío
muerte
sola
tiempo
ahí donde no sé, ella viene.
ella sigue.
-¡Miedosa! vamos, está nublado.
y el perro ladra
-¿qué es la muerte?- le pregunto.
sino ese nombre
vidrio
que grito para alejarlo.
Me adentré en el seno de una oscuridad.
Eran tantos los fulgores que estaban en mí, cavando en mis piernas con su vaivén estremecedor y puro, alboreando estrellas y su polvo en el punto último de mi visión.
Y me veía como un sol, mareando el atardecer de mis pestañas, a mí mismo me entraba como en círculo, en elipse grandiosa y fría sobre los escombros de un cuerpo dormido.
Me abracé a un árbol, en mi tormenta, volaron tantos pájaros como inexistentes silencios, y tantos vuelos como temblores imperceptibles. Estaba por fin frente a mi esencia indecible, socavando el silencio que nacía de mí como negros cuervos de ojos luminosos que sonreían sin verbo, bestias de la luz confundidas en mi nido de cielo y sal, el reflejo del agua en el planeta y MI universo, y la lluvia que siempre está naciendo.
Será la muerte una de esas bellezas insoportables?